“Cualquiera puede enfadarse, eso es muy sencillo, pero enfadarse con la persona adecuada en el momento oportuno, en el grado exacto, con el propósito justo, del modo correcto, eso, ciertamente no resulta sencillo.”

Ética a Nicómaco (ARISTOTELES).

 

Nuestro objetivo en este artículo es sensibilizar la importancia de la práctica continua dentro de la inteligencia emocional, para el éxito integral del ser humano a través de la vida.

Una persona con un alto cociente tradicional o racional, la más destacada, rápida y excepcional para todo tipo de disciplina académica puede sencillamente fracasar en la vida. A veces, los profesionales más cotizados en su materia, lo único que perciben de las emociones es que son fuerzas arrolladoras que se ocultan en el interior de su propio ser; que están detrás de sus deseos personales, problemas sin resolver y no saben cómo manejarlas; y nosotros no somos la excepción así que los invitamos a reflexionar y aprender a manejarlas.

 

 

Daniel Goleman psicólogo, escritor y profesor de la universidad Harvard señalo el desarrollo de 5 habilidades:

  • Ser capaz de motivarse así mismo.
  • Perseverar a pesar de las decepciones.
  • Controlar los impulsos y demorar la gratificación frente a las emociones, es decir no dar rienda suelta al deseo inmediato de actuar y ser capaz de esperar para recibir la compensación emocional.
  • Mostrar empatía hacia los demás comprendiendo sus sentimientos, impulsos, ansiedades y preocupaciones.
  • Tener esperanzas.

Recordemos que las emociones en sí, no son ni buenas ni malas.

Nuestro reto es lograr descubrir la emoción o el impulso que nos invade y aceptarlo sin juzgarlo, preguntarnos ¿qué fue lo que desencadeno esa señal emocional?  Para buscar un manejo inteligente y efectivo, y no una acción destructiva. Según DANIEL GOLEMAN una buena forma de evitarlo es teniendo en cuenta los siguientes pasos:

  • Obsérvese cuando se esté descontrolando con frecuencia.
  • Encuentre un modelo de persona que lo haga RECAPACITAR, téngalo siempre presente y de forma premeditada, antes de tener la emoción o el impulso, ya sea de explotar, de comer en exceso, de agresividad, miedo, tristeza o exceso de euforia, alegría o confianza.
  • Note y perciba las señales en su cuerpo, latidos o pulsaciones, jadeo, lujuria, gula.
  • Hágale un corto circuito a la emoción o al impulso que lo jala.
  • Cuente hasta diez respirando profundamente y exhalando muy lentamente, lo afirma RICHARD CARLSON.
  • Repita los pasos anteriores.
  • Si fracasa en el intento perdónese y comience de nuevo.

Para desarrollar inteligencia emocional solo se necesita querer hacerlo, desear hacerlo, buscar en los medios informativos (libros, YouTube, Google, etc.) los conocimientos adecuados sobre este tema y trascenderlos a través de la práctica continua con uno mismo y con el medio social que nos rodea; teniendo la creencia plena de que podemos hacerlo.

Cada uno de nosotros podemos tener una o varias de las habilidades de la inteligencia emocional y lo que debemos hacer es tener conciencia de ellas (descubrirlas), desarrollar las que nos faltan cogiendo habilidad y encauzarlas para nuestro beneficio y complemento de nuestra inteligencia racional, que solo aporta el 20% del éxito en la vida.

Esta agudeza, capacidad o talento especial llevado a la práctica a través del cultivo de unos buenos hábitos como ser: pro-activo, sinérgico, empático, asertivo, auto controlado, entusiasmado, auto motivado, persistente, perseverante y una excelente interacción con uno mismo y con los demás nos dará un éxito integral y una mejor actitud frente a la vida.

Siendo la ira, el miedo, la tristeza y la felicidad, las emociones básicas; podemos controlarlas todos los días observándonos nosotros mismos en el día a día con nuestros seres queridos y con el mundo que nos rodea, teniendo una actitud mental positiva.

Se necesita eso sí, ser un observador desapasionado de uno mismo y tener un pensamiento abierto y reflexivo.

Muchas personas en nuestra vida actual y aún nosotros mismos tenemos áreas de nuestra vida en la que nos comportamos de manera autómata, sonámbula o zombi; desconociendo nuestra realidad interior y lo que nos lleva a reaccionar de una forma determinada (soberbia, arrogancia, demasiado EGO, aislamiento, tristeza, depresión, irritabilidad, ira, miedo, intolerancia, irrespeto, intranquilidad)

Pero esto se puede remediar y la clave está en hacer una pausa y centrar la atención en lo que nos pasa para no dejarnos dominar ni vencer por nuestros instintos, impulsos y emociones.

Álvaro Rubio-Fundación Salud morena